sábado, 11 de junio de 2011

¿Por qué en Alhué?


"Allí, entre cerros que se ondulan levantándose macizos y desafiantes; donde los campos se visten de cientos de verdes y de colores dorados; donde las horas transcurren soñolientas; donde la misma mano teje la historia y el mismo surco cruza la tradición, allí está Alhué, valle y serranías".

Allí pretenden instalar una cárcel, que dicen sería para reos de baja peligrosidad, aunque, paradojalmente, el recinto sería de alta seguridad.

Alhué, es una tierra bellísima, apacible, donde se guarda un trozo del Chile de antaño, donde Carmelita Serrano tejía sus ponchos, donde don Camilo Azagra cantaba viejas tonadas, donde don Germán Allende paseaba sus años, donde don Hermógenes Menares tuerce los cueros, donde anduvo Inés de Suárez, donde también dicen que nació el diablo, un diablo a la chilena.

En ese lugar, donde se contemplan los Altos de Cantillana y sus manchones de milenarios robles; donde en los inviernos se puede apreciar el imponente morro de Talami; donde los caminos serpenteantes hablan de miles de secretos que también bajan por las aguas de los esteros; donde me enseñaron que los que se apresuran pierden el tiempo, desean establecer una cárcel

Una cárcel borraría para siempre el encanto de esa tierra que inspiró a Vicuña Mackenna, Justo Abel Rosales, Onofre Jarpa, Miguel Jordá, Margot Loyola y Aída Otaíza. Si hasta Pablo Neruda atesoró uno de sus más preciados tesoros, esa campana de la parroquia San Jerónimo que mira hacia el mar en las costas de Isla Negra.

Una cárcel es una herida para esa entrañable tierra de gente buena, donde el amor por ella se profesa desde siempre y donde hay que hacer muchos méritos para no ser considerado un afuerino. No bastan los años, sino lo bueno que se hizo por ella, como lo hizo el padre Gerardo Alkemade.

Curiosamente, ese hijo ilustre de Alhué que vino a Chile buscando la paz, tendría como vecina la cárcel, lo mismo que los lugares que cobijaron a Toro y Zambrano. Tan fuerte es la historia y la tradición en esa zona, que sus poco más de 4.000 habitantes cuentan con dos museos, con su pueblo Zona Típica y con su iglesia monumento nacional.

Sin embargo, de la noche a la mañana, en el más absoluto sigilo, se pretende llevar a miles de afuerinos, que por desgracia o intencionalmente han delinquido, para recluirlos en un lugar que está más cerca del paraíso que de ser un infierno.

Por eso pregunto, ¿por qué en Alhué?. ¿Acaso es malo que su gentiles vivan apaciblemente, con los problemas cotidianos, claro, como todos? ¿Acaso es malo que exista un rincón para la contemplación y las largas conversaciones? ¿Acaso es malo que una comuna de la región Metropolitana viva orgullosamente su ruralidad?

Lo que digo no es por antojo ni capricho. Tuve la suerte de escribirle dos libros a Alhué y de haber vivido allí dos años y vuelto innumerables veces, recorriendo todos y cada uno de sus rincones. Conocí a don Segundo Gamboa, a doña Estela Meza, a don Miguel Fabio, a don Santiago Castro, a don Pablo Donoso, a don José Guzmán, a don Cecilio Quiroz, al ermitaño Juan Reyes, a don Herminio Martínez y a don Desiderio Quintanilla; a doña Polucema Valdenegro, doña Luisa Amigo y tantos otros y otras a los que les escuché hablar con tanto orgullo de su tierra, de sus vivencias, del cariño por ese rincón de serranías que les cobijó desde el primer despertar y, en muchos de estos casos, hasta el último suspiro antes de la eternidad.

¿Tendrán que hablar sus descendientes de una cárcel o tendrán que narrarle a sus hijos y nietos de las batallas que emprendieron para evitar que se marcara esa cicatriz en el rostro y las almas de quienes quieren y queremos entrañablemente a Alhué?

Hernán Bustos Valdivia
Periodista
Junio de 2011.

martes, 24 de mayo de 2011

Ha partido un trozo de Chile: Santos Rubio Morales



A esta hora imagino una rueda de angelitos esperando en semicírculo a un nuevo huésped celestial: Santos Rubio Morales, Santitos, viejo pueta y guitarronero, que dejó de existir en su querida tierra de Pirque.

Me pregunto cuántos de aquellos niños que murieron a corta edad y a los cuales les dedicó su canto noches enteras antes de la partida a los misteriosos mundos del más allá, estarán deseosos de acogerlo.

La primera vez que lo vi y la primera vez que me escuchó fue en Alhué, hace ya varios años. Ciego desde muy temprana edad y de oído fino y desarrollado no alcancé a pronunciar ni media palabra cuando me identificó de inmediato como el periodista que escuchaba en la Radio Cooperativa. Por cierto, me inflé de orgullo.

Desde aquel encuentro tuve varias oportunidades de compartir con él. Era de verdad un maestro del canto a lo humano y lo divino. Su privilegiada voz y entonación nos ponían frente a uno de esos artistas que nacieron con talento, que no tuvo necesidad de ver para inspirar magistrales versos, muchas veces improvisados, junto a su querido hermano Alfonso, con quien además conformaba un dúo de cuequeros único.

Santitos era un yacimiento viviente. Era uno de los escasos intérpretes sobrevivientes del guitarrón, cuyos acordes enseñó también en las aulas universitarias. Era un académico de la vida y la tradición.

Recuerdo una vez que estando en la escuelita de Hacienda Alhué, cuando le pedí a él y otros folcloristas que fueran a cantarle a los abuelos de la localidad, en medio de un aro escuchó que había que preparar almuerzo. Con esa picardía innata y la alegría a flor de labios que le caracterizaba se ofreció a colaborar: “Yo pico el arroz”, dijo, provocando una carcajada general.

Años después lo entrevisté para la revista Nuestra Tierra y le consulté cómo imaginaba los paisajes privado del don de la visión. Me respondió con una frase sencilla, pero profundamente sabia: “los lugares más verdes eran aquellos donde más cantaban los pajaritos”. Luego comenzó a hablar de la belleza de sus tierras y de los cajones que se adentran en las montañas.

Doy gracias a la vida por haberlo conocido don Santos, me siento privilegiado por haber recorrido junto a usted las polvorientas calles de Villa Alhué y que en una actuación en la Quinta Normal y otra en El Monte haya sido materia para sus versos picarones, aquellos en que me reprochaba junto a su hermano Alfonso, haciendo rimar mi apellido Bustos, que aunque les ofreciera brindar con agua, había sido un gusto.

También me socorrió una vez en que estando en un escenario, le pedí que me soplara al oído alguna cuarteta para romper la rigidez de un auditorio poco entusiasta. Fue tan acertada, que desde ese momento me dediqué a poner especial atención para memorizar y robarle más de alguna de aquella ingeniosas frases que le escuché.

Qué cosas tiene la vida. Hace menos de una semana intenté comunicarme con usted con el simple propósito de saludarlo. El teléfono fijo que tenía anotado en mi agenda ya no era el suyo. La persona que me atendió me dijo que ni siquiera lo conocía. Parece que ese repentino intento por ubicarlo era como un adiós instintivo. Sólo al enterarme de su muerte supe que sufría de un terrible cáncer estomacal. Que pena no haber podido hablar con usted antes del silencio final, porque para un investigador de las historias y tradiciones locales personas como usted son la esencia de Chile y porque cuando parte uno de ustedes, cantor, alfarera, talabartero, organillero, se marcha, un trozo de mi país.

Se ordena la despedida, pero antes le ruego, Santitos, que lleve a la estación celestial un saludo a mis amigos y poetas populares alhuinos Camilo Azagra y Germán Allende. También a mis hermanos Roberto y Luis y a mis abuelos. Allá en lo alto se comienzan a juntar los cantores para hacer una ronda de voces que los que quedamos acá abajo rememoraremos nostálgicos y añoraremos plañideros.

Hernán Bustos Valdivia, en la fría noche del martes 24 de mayo de 2011, día de la partida de Santitos.

sábado, 30 de abril de 2011

Los viejos políticos

sábado 30 de abril de 2011
Memorias casi 50 años después: viejos políticos
Los políticos: buenas y malas costumbres
Hace algunos años llegó a mi casa una carta anónima. Iba dirigida contra un gran amigo literato que había caído en desgracia con el poder. Era una misiva injuriosa, descalificadora, denigrante, chanta.
Tiempo después, me tocó vivir una situación algo similar. Había emprendido la idea de hacer un documental sobre las buenas costumbres de los viejos políticos para transmitirle esa experiencia a los jóvenes, especialmente a aquellos desencantados con la política.Para ello me vinculé con una productora.
Cuando el video estuvo listo pedí revisarlo y como había algunos errores de edición, solicité que fuesen cambiados, cuestión que no agradó al jefe de aquella productora y su séquito de amigos, para los cuales mi rigurosidad pareció ser una afrenta. El resultado es que llegó el día del estreno y minutos antes, me entregaron el video, tras lo cual, sin quedarse a ver el trabajo, se retiraron sospechosamente.
El video se exhibió ante un numeroso público y al final de éste, los créditos habían sido intervenidos maliciosamente.
¿Qué tenían en común ambas acciones? Habían sido urdidas cobardemente, craneadas macabramente con el propósito de infringir el mayor daño sicológico posible, con la falta de dignidad propia de quien tira la piedra y esconde la mano.
Retomando el tema de la carta, que también había llegado a un seleccionado grupo de exponentes de la cultura local, levanté el teléfono y llamé a mi amigo para expresarle mi solidaridad, pero lejos de encontrar en él a un tipo abatido, nos pusimos a reir del contenido de la misma y analizamos la carencia de valores éticos de quienes la habían escrito. Años después, sin quererlo me enteré de quiénes, en qué circunstancias y en qué lugar se tramó aquello. Uno de los que participó de aquella reunión y que no estuvo de acuerdo con la carta, me lo contó.
Respecto del video, semanas después, al parecer arrepentidos por su actuar, los de la productora me enviaron una carta, me llamaban por teléfono y hasta se tomaron la molestia de remitirme un presente, implorándome que les disculpara.
Al cabo de un tiempo, al notar que la angustia de ellos era valedera, opté por aceptar sus disculpas. Tiempo después, se volvió a rodar el documental corregido. Tras la exhibición, al principal causante de esa acción le di un abrazo para liberarlo de sus remordimientos y tras dirigir algunas palabras al público presente me quebré emocionalmente.
Aprendí de una amiga, que frente a un hecho negativo siempre hay que anteponer algo positivo.
Por eso rescato de aquel documental los momentos emotivos vividos entrevistando a esos próceres políticos, algunos octogenarios y nonagenarios, a los que quise arrancarle no sólo sus frías vivencias políticas, sus fragores electorales, sino también sus emociones. Iban de derecha a izquierda, sin distingos. Don Manuel Tagle, viejo diputado conservador de Padre Hurtado, que recordaba sus encuentros con el sacerdote jesuita convertido en santo, pues su padre le había donado el terreno para que se levantara el noviciado actualmente allí existente. La picardía de don Antonio Venegas, socialista, dos veces alcalde de Peñaflor, y su mirada campechana y pueblerina de la política, con un alzheimer que estaba en ciernes, por lo cual su señora nos pidió que lo entrevistáramos muy temprano, porque a esa hora se sentía mejor . Don Francisco Kellendonk, democratacristiano, y su pausado discurso, calmo, con una bonhomía impactante y unos sorprendentes recuerdos con Violeta Parra. Don Amalfi Torres, pícaro radical, alegre, un viejo maestro de noventa años, pero más parecido a un niño travieso. Don Octavio Leiva, de quien tenía una imagen de político duro e intransigente, el cual derramó lágrimas frente a la cámara, impactado por la dura realidad social de los niños talagantinos descalzos, en los tiempos que se iniciaba en la política. Me dijo: "por familia y por recursos yo debía haber sido de derecha, pero cuando vi esa pobreza me hice de izquierda". Y finalmente, don Luis Muñoz, el primer y único regidor comunista en la historia de Talagante, un gentleman, culto, caballero, respetuoso, que llevaba a sus espaldas una historia trágica. Con decir que era un niño cuando estuvo detenido por primera vez en virtud de la Ley Maldita de Gabriel González Videla. No pude dejar de emocionarme cuando narra el momento en que uno de sus hijos, apenas un adolescente, detenido en un campo de concentración tras el Golpe militar de 1973, cuando ya se le daba por perdido, apareció en su casa en la víspera de una Nochebuena.
En aquellas entrevistas pasábamos de las lágrimas a las risas. Don Amalfi, tallero, nos pedía que las entrevistas fueran más seguidas, porque era la única forma que su señora pusiera galletas para acompañar el café. Don Antonio recordando las travesuras contra su contrincante, don Manuel Tagle, a quien consideraba uno de los políticos más "macanudos" que había conocido, pese a la diferencia abismante de ideas. Por otra parte, don Manuel, emocionado, nos pedía que le lleváramos los cariños a don Antonio. Al propio don Manuel cantando en francés, haciendo gala de su refinada educación de joven, acompañado por su atenta hija Regina al piano. Don Francisco recitando y don Amalfi declamando un viejo poema llamado "El Pidén", que se acostumbraba, según nos dijo, en sus tiempos de niño escolar.
Hubo también momentos hilarantes, como cuando me atreví a preguntarle a don Octavio si le molestaba que le dijeran "El Pelao Leiva", y él, que tenía una calvicie que lo había acompañado de por vida, me respondió con algo de suspenso: ¿Porqué me voy a enojar? !No vé que soy pela´o! Y soltó la risa.
Y don Antonio, cantando un clásico tango: "Adiós muchachos, compañeros de mi vida/barra querida de aquellos tiempos/ Me toca a mí hoy emprender la retirada/
debo alejarme de mi buena muchachada/ Adiós muchachos, ya me voy y me resigno/Contra el destino nadie la talla/Se terminaron para mí todas las farras/ mi cuerpo enfermo no resiste más.
Con ese tango cierra el documental, preámbulo de una partida, porque apenas tiempo después llegó la hora final de don Antonio, don Octavio y don Manuel.

Memorias casi 50 años después: viejos políticos

Los políticos: buenas y malas costumbres
Hace algunos años llegó a mi casa una carta. Iba dirigida contra un gran amigo literato que había caído en desgracia con el poder. Era una misiva injuriosa, descalificadora, denigrante, chanta.
Tiempo después, me tocó vivir una situación algo similar. Había emprendido la idea de hacer un documental sobre las buenas costumbres de los viejos políticos para transmitirle esa experiencia a los jóvenes, especialmente a aquellos desencantados con la política.
Para ello, me vinculé con una productora. Cuando el video estuvo listo pedí revisarlo y como había algunos errores de edición, solicité que fuesen cambiados, cuestión que no agradó al jefe de aquella productora y su séquito de amigos, para los cuales mi rigurosidad pareció ser una afrenta. El resultado es que llegó el día del estreno y minutos antes, aquél que aparecía en los créditos como el director del film y uno se sus seguidores, me entregaron el video, tras lo cual, sin quedarse a ver el trabajo, se retiraron sospechosamente.
El video se exhibió ante un numeroso público y al final de éste, los créditos habían sido intervenidos maliciosamente.
¿Qué tenían en común ambas acciones? Habían sido urdidas cobardemente, craneadas macabramente con el propósito de infringir el mayor daño sicológico posible, con la falta de dignidad propia de quien tira la piedra y esconde la mano.
Retomando el tema de la carta, que también había llegado a un seleccionado grupo de exponentes de la cultura local, levanté el teléfono y llamé a mi amigo para expresarle mi solidaridad, pero lejos de encontrar en él a un tipo abatido, nos pusimos a reir del contenido de la misma y analizamos la carencia de valores éticos de quienes la habían escrito. Años después, sin quererlo me enteré de quienes, en qué circunstancias y en qué lugar se tramó aquello. Uno de los que participó de aquella reunión y que no estuvo de acuerdo con la carta, me lo contó.
Respecto del video, semanas después, al parecer arrepentidos por su cobarde actuar, los de la productora me enviaron una carta, me llamaban por teléfono y hasta se tomaron la molestia de remitirme un presente, implorándome que les disculpara.
Al cabo de un tiempo, al notar que la angustia de ellos era valedera, opté por aceptar sus disculpas. Tiempo después, se volvió a rodar el documental corregido. Tras la exhibición, al principal causante de esa acción le di un abrazo para liberarlo de sus remordimientos y tras dirigir algunas palabras al público presente me quebré emocionalmente.
Hace tiempo aprendí de una amiga, que frente a un hecho negativo siempre hay que anteponer algo positivo.
Por eso rescato de aquel documental los momentos emotivos vividos entrevistando a esos próceres políticos, algunos octogenarios y nonagenarios, a los que quise arrancarle no sólo sus frías vivencias políticas, sus fragores electorales, sino también sus emociones. Iban de derecha a izquierda, sin distingos. Don Manuel Tagle, viejo diputado conservador de Padre Hurtado, que recordaba sus encuentros con el sacerdote jesuita convertido en santo, pues su padre había donado el terreno para que se levantara el noviciado actualmente allí existente. La picardía de don Antonio Venegas, socialista, dos veces alcalde de Peñaflor, y su mirada campechana y pueblerina de la política, con un alzheimer que estaba en ciernes, por lo cual su señora nos pidió que lo entrevistáramos muy temprano, porque a esa hora se sentía mejor . Don Francisco Kellendonk, democratacristiano, y su pausado discurso, calmo, con una bonhomía impactante y unos sorprendentes recuerdos con Violeta Parra. Don Amalfi Torres, pícaro radical, alegre, un viejo maestro de noventa años, pero más parecido a un niño travieso. Don Octavio Leiva, de quien tenía una imagen de político duro e intransigente, el cual derramó lágrimas frente a la cámara, impactado por la dura realidad social de los niños talagantinos descalzos, en los tiempos que se iniciaba en la política. Me dijo: "por familia y por recursos yo debía haber sido de derecha, pero cuando vi esa pobreza me hice de izquierda". Y finalmente, don Luis Muñoz, el primer y único regidor comunista en la historia de Talagante, un gentleman, culto, caballero, respetuoso, que sin embrgo llevaba a sus espaldas una historia trágica. Con decir que era un niño cuando estuvo detenido por primera vez en virtud de la Ley Maldita de Gabriel González Videla. No pude dejar de emocionarme cuando narra el momento en que uno de sus hijos, apenas un adolescente, detenido en un campo de concentración tras el Golpe militar de 1973, cuando ya se le daba por perdido, apareció en su casa en la víspera de una nochebuena.
En aquellas entrevistas pasábamos de las lágrimas a las risas. Don Amalfi, tallero, nos pedía que las entrevistas fueran más seguidas, porque era la única forma que su señora pusiera galletas para acompañar el café. Don Antonio recordando las travesuras contra su contrincante, don Manuel Tagle, a quien consideraba uno de los políticos más "macanudos" que había conocido, pese a la diferencia abismante de ideas. Por otra parte, don Manuel, emocionado, nos pedía que le lleváramos los cariños a don Antonio. Al propio don Manuel cantando en francés, haciendo gala de su refinada educación de joven, acompañado por su atenta hija Regina al piano. Don Francisco recitando y don Amalfi declamando un viejo poema llamado "El Pidén", que se acostumbraba, según nos dijo, en sus tiempos de niño escolar.
Hubo también momentos hilarantes, como cuando me atreví a preguntarle a don Octavio si le molestaba que le dijeran "El Pelao Leiva" y él, que tenía una calvicie que lo había acompañado de por vida, me respondió con algo de suspenso: ¿por qué me voy a enojar?, ¡si soy pela´o! y soltó la risa.
Y don Antonio, cantando un clásico tango: Adiós muchachos, compañeros de mi vida,barra querida de aquellos tiempos. Me toca a mí hoy emprender la retirada,
debo alejarme de mi buena muchachada. Adiós muchachos. Ya me voy y me resigno.Contra el destino nadie la talla. Se terminaron para mí todas las farras, mi cuerpo enfermo no resiste más.
Con ese tango cierra el documental, preámbulo de una partida, porque apenas tiempo después llegó la hora final de don Antonio, don Octavio y don Manuel.


Hernán Bustos Valdivia

Memorias casi 50 años después

Hace algunos años llegó a mi casa una carta. Iba dirigida contra un gran amigo literato que había caído en desgracia con el poder. Era una misiva injuriosa, descalificadora, denigrante, chanta, pero craneada con el propósito de infringir el mayor daño posible en ese hueso duro de roer.

Memorias casi 50 años después

Hace algunos años llegó a mi casa una carta anónima. Iba dirigida contra un gran amigo literato que había caído en desgracia con el poder

jueves, 17 de febrero de 2011

Casi 50 años después

Dentro de poco cumpliré 47 años, pero parece que he recorrido 100.
Son tantas las vivencias, tantas las personas, tantos los paisajes y las emociones atrapadas azarosamente, que sería mezquino de mi parte no compartirlas. Por eso, a partir de hoy comienzo a escribir mis prematuras memorias, las que concluiré el 28 de febrero de 2014.
No serán memorias cronológicas, sino más bien episodios, recuerdos repentinos o traídos a colación en algún momento de inspiración. Trataré de bregar contra mi subjetividad, aunque sé que la objetividad no existe. Trataré de contar mi propia verdad, aunque tampoco la verdad existe.
¿Por qué lo hago? Simplemente porque mi nombre está presente muchas partes debido a mi manía por recoger la historia de los pueblos del valle del Maipo y porque alguien podría interesarse en el futuro en querer develar algunos misterios de esta existencia. Que si fui de izquierda o de derecha, que si fui feliz, que si me sentí realizado, que si era ególatra o quitado de bulla, que si era optimismta o pesimista, que si me animaba la construcción antes que la destrucción, que si fui idealista o pragmático, qué cuáles fueron las mujeres que amé...en fin, cosas que a usted le importarían un soberano comino, pero a otras sí, porque en algún momento a alguien podría interesarle nuestras vidas.
Hablaré de los personajes que más admiré y de los personajes que provocan repugnancia, de los famosos y los anónimos.

martes, 6 de octubre de 2009

El venerado cráneo de José Miguel Carrera

Existió antaño entre los habitantes de El Monte una enorme veneración por una calavera que se guardaba en la capilla de El Paico, según algunos, el cráneo del mismísimo prócer José Miguel Carrera. Como se sabe, Carrera fue fusilado en Mendoza. Entonces, ¿cómo llegó tan famosa y venerable osamenta hasta este rincón? Se dice que fue Javiera Carrera quien le encargó a Toribio Rojas, un fiel servidor y correo secreto de la familia patriota, que recuperara los huesos de su querido hermano desde allende Los Andes. Rojas, en compañía de un arriero, partió hacia Mendoza por el “Derrotero de Picarte”, un atajo que cruzaba la cordillera andina y que en pocas horas permitía estar al otro lado. Trajeron la cabeza de José Miguel el 4 de septiembre de 1821 y, en medio del más hermético misterio la hicieron guardar en la capilla de El Paico, mientras pasaban los días de persecución en contra de la familia.

La famosa calavera se veneró por espacio de 131 años en la casa religiosa. Adelaida Leiva Rojas, la dueña del sitio donde aún en 1960 se levantaba la vieja capilla, afirmaba que su abuelo Toribio Rojas había traído el venerado despojo desde Mendoza, cuestión que reconfirmaba Adela Ramos Díaz de Valdés, tataranieta de doña Javiera Carrera.

La idea de doña Javiera era esperar la ocasión propicia para darle piadosa y digna sepultura una vez que volviera a Chile, pero la gente de la zona escondió la calavera, porque fue creciendo la creencia que era milagrosa y que era motivo de bien entre la gente campesina , a tal punto que en las antiguas fiestas de San Francisco de El Monte, una de las jornadas consistía en peregrinar a la capilla.

En 1964 se calculaba que su data era superior a 100 años. A la altura de la frente mostraba una rotura horizontal del tipo punzante penetrante de unos 3,5 centímetros de largo por 1,2 de ancho.

Investigando para un libro de mi autoría llamado “El Monte, 5 siglos en la tierra de los Carrera, que espero publicar como un aporte local hacia el Bicentenario, he podido averiguar que se le rindió culto hasta 1963, año en que una caravana de automóviles viajó desde Santiago con el propósito de llevarse la calavera, cuestión que se hizo tras una breve ceremonia. El cráneo fue sacado en urna de vidrio envuelta en un terciopelo morado y transportada a la capital. Su destino, según afirma una crónica, era el Museo Histórico Nacional.

A partir de entonces, poco o nada se supo de la calavera, pero lo que sí era evidente, es que se arrancó del alma de la gente una tradición tan arraigada como el espíritu patriótico de la familia Carrera.

Cuarenta y seis años después, la calavera vuelve a hacer noticia, cuando se intenta recuperar dichos restos ahora en manos de descendientes de la señora Carrera, misión que encabeza la gobernadora de Talagante Alejandra Vásquez, afán al que debemos brindar nuestro apoyo. Sea o no sea del prócer, dicha calavera fue y debe ser parte de la memoria y del alma colectiva de los chilenos y en particular de los montinos que, orgullosos, sienten que una parte del nacimiento del Chile independiente les pertenece.

jueves, 1 de octubre de 2009

San Pedro de Melipilla...7 vidas de campo

Datos del San Pedro colonial existen muy pocos, pero es evidente que hay una presencia numerosa de naturales. Tampoco se conoce con certeza quienes fueron los encomenderos, aunque podría suponerse que uno de ellos fue Inés de Suárez, quien recibió a varios caciques y principales situados al sur de Maipo.

A la llegada de los españoles la población nativa se encontraba dispersa por quebradas y valles, en zonas donde tuvieran acceso a al agua, tanto para beber como para regar pequeños cultivos. Vivian al abrigo de ranchos o bajo árboles de pletórico follaje. Se dedicaban a la agricultura, a la recolección de alimentos y a la caza para subsistir.

Ya bastante adelantado el siglo XIX, en 1867, Francisco Solano Astaburuaga describe a la capital comunal de hoy como San Pedro de Bucalemo y apunta que una “Aldea del departamento de Rancagua, con caserío mediocre, iglesia parroquial, estafeta, dos escuelas gratuitas i 600 habitantes. Yace en los 33º 57’ latitud y 0º 40’ longitud O., a unos 70 quilómetros hacia el N.O. de la cuidad de Rancagua i 30 a 35 al N. de Peumo, entre los últimos declives occidentales de la sierra de Alhué, que se enlazan con la serranía aproximada al pacifico. Es de contornos cerriles i descampados literalmente. Por la inmediación del norte corre el riachuelo de Yali, que termina en la laguna i salinas de Bucalemo sobre la misma.”

Municipalidad de Loica

La municipalidad de Loica fue creada el 22 de diciembre de 1891, junto con otras cientos noventa y cuatro a lo largo del país. Esta aparece correlativamente en el numero 81 y su territorio comprendería las subdelegaciones 12 y 13 del departamento de Melipilla.

Fue en marzo de 1894 que se llevan a cabo las primeras elecciones municipales destinadas a elegir a los tres alcaldes y los seis regidores que conformarían el municipio. El resultado de la elección fue el siguiente: Francisco Santa Cruz, 109 votos; Enrique Bosso, 107, Jenaro Prado, 100 sufragios: Santos Segundo González, 97; Celestino Silva, Joaquín de la Sierra y Natalio Mesa, 80 votos; Joaquín Correa, 76; Senen de la Jara Quemada, Braulio Bustos y Lindor Álvarez, 73 sufragios, mientras que Fernando Briceño y Tadeo Maldonado Sumaron 71 Votos.

La sesión de instalación se efectuó el 27 de mayo de 1894 y no estuvo exenta de polémica. Las arduas disputas entre conservadores y liberales, cuando aún estaba fresco el recuerdo de la cruenta guerra civil de 1981 que termino con el suicidio del presidente José Manuel Balmaceda, se trasladaban hasta los gobiernos comunales. Es en este contexto que en la casa del hacendado Joaquín de la sierra, conservador, situada en el fundo Santa Rosa, se escenifica este momento histórico para el municipio Loicano.

Como queda de manifiesto, el nuevo municipio no tenía morada en Loica, que era la cabecera de la comuna, sino que debió sesionar en sus primeros tiempos en las casas patronales del fundo Santa Rosa Lo Sierra.

No fue un simple decreto el que cambio la cabecera de la comuna de Loica a San Pedro. En realidad, son una serie de hechos circunstanciales los que van a intervenir. En primer lugar, la naciente municipalidad no contaba con un local fijo donde sesionar. De hecho, la sesión inaugural, como ya dijimos, se llevo a cabo en las casas del hacendado de Santa Rosa, Joaquín de la Sierra. Luego, debe arrendarse un recinto en Loica a Francisco Undurraga, quien solicita que se desocupe la propiedad en mayo de 1903, razón por la cual el alcalde Nicasio Saavedra queda encargado de buscar un nuevo local. En consecuencia, por razones de arriendo el nuevo local se asienta en San Pedro aunque el segundo alcalde Roberto Santa Cruz advierte que la situación es ilegal, haciendo, por consiguiente, una indicación para que las oficinas municipales nuevamente se trasladen a Loica. La moción es aprobada y el propio Santa Cruz queda encargado de localizar una casa para su funcionamiento, lo cual quedo trunco con una nueva determinación de los municipales que la dejan sin efecto y deciden permanecer en San Pedro, en una casa que se arrienda a José Senén de la Jara Quemada.

Un año más tarde, en 1904, la idea de que la municipalidad permanezca en San pedro se asienta con fuerza, ya que se acuerda formar una comisión para comprar un terreno en la plaza del pueblo, en ese entonces propiedad del banco Santiago. Se concuerda gastar en la compra del sitio y la construcción del edificio la suma de 2000 pesos.

Pese a estar ya durante tres años en San Pedro, el tema de permanencia de la municipalidad en dicho lugar no estaba del todo establecido, solo el 6 de mayo de 1906 la situación se aborda con mayor rigor, argumentando los partidarios de que se mantuviera en San Pedro la presencia también en este lugar de las oficinas del registro civil, del correo y de la parroquia. Recordemos que en esos años no existía la separación Iglesia-Estado. Es entonces cuando se encarga al tercer alcalde Manuel Julio Farias “que se ponga al habla con don Federico Hermosilla para efecto de comprarle un terreno en San Pedro, donde se edificarán las oficinas municipales”.

Comprando el sitio, se inició la edificación de la primera casa consistorial, que se inauguró el 18 de septiembre de 1907, junto con la elaboración del aniversario patrio. Como el hito ameritaba una gran recepción, los municipales encabezados por el alcalde Guillermo González acuerdan gastar 250 pesos para agasajar con un almuerzo a los invitados para tan solemne ocasión. De esta manera, la municipalidad se radicó en San Pedro, aunque siguió llamándose Loica por las siguientes dos décadas.

Parroquias e iglesias

En 1744 el vecino Santiago Núñez regalo cincuenta cuadras de tierras en el lugar llamado San Pedro. Fue allí que el dinámico párroco Bernardo Carreño edificó lo que seria el segundo templo de esta extensa jurisdicción. Carreño había llegado el 31 de julio de 1730 a ocupar, en carácter de interino, el curato, que a esas alturas había variado su nombre al de San Pedro de Chocalán, cargo que asumió como titular en el 15 de octubre de 1732. “Al doctor Carreño se debió la construcción de la iglesia de San Pedro de Chocalán”, dice la relación de meritos y servicios de este sacerdote fechada en Madrid en febrero de 1753.

Bernardo Carreño era un hombre familiar para la zona y su paso lo refrenda también la fundación de la villa San Jerónimo de la Sierra, hoy conocida como villa Alhué, hasta donde llegaba este cura en los primeros años del naciente pueblo. Pero su relación venia de mucho antes, ya que en su condición de cura en los primeros años de párroco del curato concurría hasta el mineral de El Asiento. De hecho, Carreño participa directamente en el reconocimiento del lugar mas apropiado para elegir la villa de Alhué en enero de 1753, junto al corregidor Ignacio Baeza. Bernardo Carreño y Cisternas falleció el 28 de mayo de 1755.

El 2 de abril de 1857 un fuerte temblor azoto la zona a las 06:30 de la mañana, dejando a la iglesia de San Pedro en estado ruinoso, según lo consigna el subdelegado Pedro José López al gobernador del departamento de Rancagua, señalando que “esta completamente ruinosa, no ha quedado teja ninguna, las paredes enteramente desplomadas, con grietas de una cuarta de ancho. En una palabra no podrá ya componerse y será preciso abandonarla y edificar otra”

El cura José Ignacio Saavedra Construyo las nuevas edificaciones para la iglesia y casa parroquial a partir de 1858 la que traslado a un lugar distante doce cuadras de la iglesia antigua. El nuevo templo fue bendecido por el párroco Delfín Turriaga en 1879. El cura Federico Hermosilla efectuó algunos trabajos de reparación, los que debieron intensificarse tras el terremoto de 1906. Esta tarea le cupo al párroco de más larga estadía como tal, en total, treinta y cinco años, tiempo más que suficiente para no pasar desapercibido.

Extracto de la obra San Pedro de Melipilla...7 vidas de campos, inédita, de Hernán Bustos Valdivia.

jueves, 16 de julio de 2009

¡Aún tenemos fútbol, ciudadanos!

Dicen que el gran invento de la Humanidad fue la rueda y que grandes invenciones recientes ha sido el crédito y su masificación y la Internet.

Hoy pienso que el gran invento del Hombre es ese deporte originado del calcio florentino del siglo XVI, perfeccionado y propagado por los ingleses bajo el nombre de foot-ball en el siglo XIX.

Para comprobarlo en el siglo XXI no tuve que tomar palco en el Bernabeu, la Bombonera, el Maracaná o el Old Trafford. Hoy el teatro de mis sueños fue el modesto estadio municipal de Melipilla, con su no más de un millar de privilegiados espectadores.

Tampoco necesité que los actores fueran Pelé, Maradona, Cristiano Ronaldo o Messi, que se transformaron en millonarios y famosos gracias al don que la naturaleza les dio. Hoy los actores fueron los Contreras, los Rojas y los Orellana que, es muy probable, tengan a la necesidad como invitada habitual a la mesa familiar.

Tampoco tuve que ver un partido de la Premier League, la Champion League o de una final de Copa del Mundo. Me bastó con un partido de la Primera B del modestísimo balompié chileno, uno más entre tantos, que si el fútbol fuera justo debería tener este lance en sus páginas más gloriosas.

No necesité estar en el Monumental o en el Nacional entre las llamadas barras bravas para observar la transformación del respetable en un público soez que sólo siente que hay justicia cuando un árbitro falla a favor de su equipo. Para explicar esa transformación no necesité ser psicólogo, ni sociólogo para explicar cómo una masa abstraída en una derrota dolorosa y humillante, termina celebrando un triunfo inesperado. ¿Cómo un deporte puede en pocos segundos hacer conocer la alegría más intensa y la tristeza más profunda?

Tampoco necesité ver a la U contra Colo Colo, Boca contra River o Barcelona contra Real Madrid. Me bastó con ver a Deportes Melipilla contra Osorno, para refrendar mi creencia: el fútbol es uno de los grandes inventos de la Humanidad.

Durante 18 años he reporteado fútbol para Radio Cooperativa. Pero pocas veces, en vivo y en directo o por televisión, me tocó informar sobre un partido gigante como el Melipilla contra Osorno, en que estos últimos ganaban 3 a 0 a los 70 minutos, pero lo terminaron perdiendo 4 a 3 a los 97´. Era cierto aquello de potros contra toros, toros contra potros que, apodos que semánticamente son la fuerza y la entereza.

Pero cómo les explico cuando el editor me pide que haga un breve despacho de un minuto y medio, dos, a los más, para sintetizar una suma de pequeños pero trascendentes acontecimientos. Cómo explicarle a mi colega que los hechos se sucedían uno tras otro, porque los gladiadores no se daban tregua en los pastos del Roberto Bravo Santibáñez, mientras un árbitro y sus asistentes confundidos cometían una falla tras otra, involuntarias, cierto, pero intencional para el hincha. Tanto yerro hubo que los jueces debían compensar con otro error y hasta con descuentos inexistentes, siete minutos según el cronómetro de Hermosilla, que dejó sin sanción un penal que provocó un contragolpe y un gol en el arco contrario. A minuto siguiente otro penal, pero inexistente, a favor del equipo que se sentía perjudicado antes. Ese 0 a 3 pasó a ser 1 a 3, el impulso primigenio para que el perdedor comenzara a remontar implacablemente el marcador en un lapso de 24 minutos, a un promedio de un gol cada 6 minutos.

Cómo explicar el accionar de ese hombre mostrando una y otra vez la cartulina amarilla y que fue necesario e innecesario mostrar cuatro tarjetas rojas, una de ellas al jugador que, exultante, se despojó de su camiseta para festejar el séptimo gol de ese vibrante partido, quizás el más importante de su vida, el que podrá relatarle una y otra vez a sus nietos.

Cómo explicar a la gentil audiencia y a usted, amigo lector o amiga lectora, aquello de que se han visto muertos cargando adobes, para decirle que lo imposible también es posible. Y que, en contraste, en la confianza está el peligro.




jueves, 9 de julio de 2009

El partido más importante de Deportes Melipilla


Nunca antes Melipilla estuvo en una situación tan incierta como hoy. El club está condenado, en primera instancia, a ser excluido del fútbol profesional, y la suerte de una institución pequeña no debiera importarle demasiado a los restantes clubes, especialmente a aquellos que lidian día a día con sus propios problemas.

Por eso, frente a esta amenaza, los responsables de la institución debieran ser más proactivos, partiendo por situarse en el peor de los escenarios y no pecar de exceso de confianza. En la primera apelación pensaron que les iban a restar, cuando más, dos puntos, pero la Segunda Sala mantuvo el descuento de seis que le aplicó el Tribunal de Disciplina.

Sabiendo que en Chile en términos jurídicos existe un fuerte apego a la letra y a la forma, lo más probable es que la Segunda Sala dictamine nuevamente en contra de Melipilla y lo condene a perder la categoría. Por eso es que Melipilla se enfrenta al partido más decisivo de su historia

Frente a este dantesco escenario - si se permite el término-, ¿qué haría yo si fuera dirigente o representante del club?

Primero, trabajaría sobre un discurso o un mensaje que sensibilice a la opinión pública, a los presidentes de clubes, al Tribunal, influenciadores, decisores y líderes de opinión y les manifestaría la preocupación de que la única ciudad de la región que no pertenece al Área Metropolitana se expone a quedarse sin fútbol profesional por razones extradeportivas.

Contactaría desde ya a presidentes de clubes para que se pongan de lado de Melipilla, porque ningún equipo está libre de vivir los mismos padecimientos, y aseguraría que al momento de votar sean fieles con su compromiso de apoyar a Melipilla. Los dirigentes melipillanos dan por hecho que sus colegas, al menos en su mayoría, los van a apoyar y harán las rectificaciones a las bases para impedir que este castigo tan desmesurado se concrete. ¿Será tan cierto? ¿Borrarán los mismos dirigentes con el codo lo que refrendaron con la mano? ¿No será un pésimo precedente que no se aplique un castigo que los propios clubes habían estipulado?

Desde la cancha también se debe hablar. El plantel debe proponerse como objetivo ganar el Clausura y luego ganar en la definición con el campeón del Apertura para subir a la división de honor. Así, sería impresentable que el campeón de Segunda juegue en Tercera cuando en realidad debería jugar en Primera.

Cierto es que todos queremos que Melipilla siga teniendo fútbol profesional, pero frente al dilema que está viviendo esta institución no basta con pensar que los demás clubes están sensibilizados con su situación. Tal como en un partido de fútbol que se planifica, hay que ir a la ofensiva y no esperar un golpe de suerte.

Lamentablemente, que Melipilla tenga o no fútbol profesional ya no depende sólo de su gente, de sus dirigentes o sus autoridades.

jueves, 2 de julio de 2009

Región del Maipo: casa con jardín y vista al mar

Por Hernán Bustos Valdivia
Periodista
Hernanbustosv@gmail.com



Hace unos cinco años escuché en Padre Hurtado a un parlamentario exponer la ya conocida idea de crear la Región del Maipo, palabras que arrancaron aplausos inmediatos de un auditorio complacido por las promesas.

Como estaba cumpliendo labores periodísticas para Radio Cooperativa, me acerqué a él para indagar más antecedentes y le consulté qué pasos había dado para promover la iniciativa que tan fervorosamente pregonaba. La respuesta no me dejó satisfecho pues tenía más bien aires de eslogan. No pasaba de ser una buena intención y una atractiva frase.

Al día siguiente me comuniqué con el entonces subsecretario de Desarrollo Regional, Francisco Vidal, quien me señaló que sólo había recibido propuestas formales desde Valdivia (Región de los Ríos), pero que nunca había escuchado hablar siquiera de una región en la cuenca del Maipo, aunque se manifestó dispuesto a analizarla.

El tema se diluyó, pero hace poco vino un impulso de parte de algunos ediles, como Fernando Pérez, de Melipilla, y David Morales de Isla de Maipo, que en cierta medida ya dieron un paso adelante, conjuntamente con El Monte, con su Asociación de Municipios del Valle del Maipo, un ejemplo de asociatividad entre comunas con intereses y potenciales similares, que podría ser un preámbulo, pues la idea de la región es bien vista por la mayoría de los municipios de las provincias del Maipo, Talagante, Melipilla, Cardenal Caro, Cachapoal y San Antonio. No está demás recordar que en los años 80`, en la ciudad de San Antonio se inició un fuerte clamor para desprenderse de Valparaíso. Incluso hubo paralizaciones pues se sentía el muelle trasero de la capital regional.

Es cierto que también hay ciertas reticencias, principalmente por el alto costo que tendría implementarla, pero en el Maipo son más los beneficios, partiendo por un factor de identidad cultural y territorial dado principalmente por sus características paisajísticas y sus elementos comunes, con realidades urbanas y semiurbanas que distan fuertemente de la gran urbe. Decidir los recursos y la inversión regional debe ser un anhelo, incluso, creo que mitigaría la expansión de la ciudad hacia los mejores terrenos agrícolas del país. Provincias como el Maipo, Melipilla y Talagante son hoy en día una especie de jardín para la gran casa que es la urbe de Santiago, pero la urbe crece sin compasión sobre ese jardín.

Sin embargo, para que la Región del Maipo pueda ser, es fundamental crear una comisión ejecutiva que se aboque a hacer un estudio serio y a la vez iniciar una amplia difusión entre la comunidad, mostrando, con cifras concretas y análisis profundos, las ventajas que tendría para el ciudadano común. Hecho este trabajo, entonces debe venir la propuesta formal para que tengamos una casa que respete su jardín y con vista al mar ¿Qué le parece?

martes, 23 de junio de 2009

Obras de Hernán Bustos Valdivia










HERNÁN BUSTOS VALDIVIA, UN INVESTIGADOR APASIONADO POR LA CULTURA


HERNÁN BUSTOS VALDIVIA, UN INVESTIGADOR

APASIONADO POR LA CULTURA

Hernán Bustos Valdivia nació en Melipilla el 28 de febrero de 1964.
Tal vez fuera su infancia en San Pedro la inspiradora de su trabajo como investigador de las tradiciones y costumbres de la zona.
Siempre ligado a las comunicaciones y a la cultura, este investigador y periodista (titulado con distinción máxima y nombrado el mejor alumno de Cátedra de Radio por la Archi), fue jefe de la Casa de la Cultura de Alhué, fundador de grupos culturales en Peñaflor; es corresponsal de prensa y deportes para Radio Cooperativa y representante regional de la Fundación de Comunicaciones, Capacitación y Cultura del Agro. Ha sido creador, productor y conductor de varios programas radiales. y es además corresponsal del diario Las Ultimas Noticias.

¿Por qué o en qué circunstancias decidió venir a vivir a Peñaflor?

Antes de los 18 años, una vez que egresé de la enseñanza media, decidí emigrar de mi casa e irme a vivir solo a Santiago.

Así estuve por más de siete años, viviendo en distintos lugares, incluido un año en Europa. En esas circunstancias llegué a Peñaflor, aquí carretié, como dicen los jóvenes, durante un tiempo, y conocí a mi actual señora en 1988. Desde entonces me radiqué en Peñaflor. Actualmente tengo 45 años.

Para las últimas elecciones municipales usted fue uno de los 34 candidatos a concejal por nuestra comuna, ¿a qué se debe este interés por la política, cómo es que éste nace?

Las personas tenemos que contribuir activamente al desarrollo de la comuna. En lo personal me interesaba apoyar y desarrollar algunos aspectos como la cultura y el deporte y, por otra parte, levantar la voz por la gente frente a diversos abusos que se producen a diario.

¿Qué le dice a usted la tan alta cantidad de candidatos a concejal por la comuna que hubo?

Me imagino que en cada persona existe la idea de que puede contribuir al desarrollo de la comuna. También hubo más listas y, por ende, más candidatos. En cada uno anida el sueño legítimo de ser electo.

¿Estaría usted dispuesto a lanzarse como candidato en las próximas elecciones municipales?

No, nunca más. Es una experiencia difícil y creo que la política no es mi fuerte. No vivo en función de la política ni de la política.

¿Cómo fue su trabajo de investigación para escribir los libros acerca de nuestra comuna y provincia?

Evidentemente es un trabajo intenso, que requiere mucho tiempo de dedicación. El tiempo de investigación o recopilación, según sea el caso, puede prolongarse desde unos 6 meses hasta dos años. Mi primer libro, El Valle de las 7 Puertas, me tomó 18 meses de trabajo.

De acuerdo a sus investigaciones, ¿en qué fecha se fundó Peñaflor?, ¿tiene esta fecha alguna relación con la "Semana Peñaflorina"?

Peñaflor comenzó a surgir como aldea o pueblo hacia mediados del siglo XIX. Era un lugar de bellísimos paisajes, de tal manera que algunos vecinos adinerados de Santiago decidieron construir sus residencias de descanso en esta localidad, sus quintas. Como pueblo surgió espontáneamente. Luego comenzó a poblarse y el 22 de diciembre de 1891 se creó la comuna. La Semana Peñaflorina data de los años ’30 o ´40 del siglo XX. A comienzos del siglo XX las familias pudientes que veraneaban en Peñaflor organizaban carnavales de flores, corsos de flores, e incluso carreras de autos entre Santiago y Peñaflor. Peñaflor en sí era una fiesta. También los comerciantes del Trapiche organizaban las “Noches Venecianas” y la industria Bata realizaba sus propios carnavales, con carros alegóricos y alianzas formadas por sus propios trabajadores

¿Cómo ve la vida en Peñaflor en estos tiempos?

Peñaflor pasa por una etapa de transición, aspira a convertirse en una urbe.

Con el conocimiento que usted maneja del pasado de nuestra comuna más lo que ve en la actualidad, ¿cuál es nuestra identidad como comuna, cómo es su gente y qué futuro ve usted en Peñaflor?

A medida que pasa el tiempo se va perdiendo la identidad, se ha diluido la fama de pueblo balneario, el Trapiche, la sicología batina. Veo a muy poca gente haciendo un esfuerzo por rescatar algo de esa identidad, no existe ese sentido de pertenencia de antaño, no percibo esfuerzos por caracterizar y diferenciar a Peñaflor de las otras comunas, no veo apoyo a la gente que hace cultura.

Respecto del futuro no veo propuestas de comuna, ni veo un interés por impulsar un desarrollo planificado. Todo se gesta en el día a día, tampoco hay una mirada de largo plazo. Nadie piensa en el Peñaflor del 30 años más.

¿Ve usted alguna posibilidad de rescatar esta real identidad peñaflorina?, ¿de qué forma?

Yo creo que se podrían rescatar algunos elementos y para eso hay que hacer un esfuerzo colectivo que convoque a todos los actores comunales.


¿Qué queda del Peñaflor de antaño?

En los barrios antiguos se mantiene esa idea de la buena vecindad, de la vecina o el vecino que cuida el entorno, que barre la vereda. Aún tiene vida de barrio. Nos saludamos entre los vecinos y cada fin de semana puedo jugar fútbol en Pelvín, eso es lo que más me gusta de Peñaflor. El hecho de que aún no tengamos un mall hace que la plaza siga siendo el punto de encuentro social, especialmente para los mayores.



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¿Qué es lo que rescata de Peñaflor?
Hay una gran cantidad de artistas, creadores y soñadores.
¿Qué cree ud. que se ha perdido en Peñaflor?
Mucho de lo que era décadas atrás, el pueblo tranquilo. Nuevos habitantes son nuevas costumbres y nuevas formas de vivir, con las cosas malas y las cosas buenas.
El entorno paisajístico de Peñaflor está deteriorándose. Con pena veo como parte de la cadena de cerros de Pelvín ha perdido su vegetación y se encamina a un espacio desértico.
También el Peñaflor urbano se está tornando muy sucio, hay basura por todos lados.
¿Existe algo que eventualmente podría hacerlo considerar la posibilidad de irse de acá?
Voy a confesar algo que hasta el día de hoy no había dicho. Dejando de lado la modestia, creo que fui un pionero en el rescate de la cultura de Peñaflor y en la publicación de obras que hablaran de su historia y sus elementos identitarios. De hecho, a partir de mi publicación del libro “El Valle de las 7 Puertas”, en 1991, al ver que era posible concretar el sueño de escribir un libro, muchos siguieron mis pasos y comenzaron a publicar. A partir de allí, a comienzos de los ‘90 se produjo una corriente literaria y creadora que ha sido la más importante en la historia de Peñaflor. César Raguil, Edgardo Retamales, Vitalia Espinoza, Ernesto Langer, Jorge Flores, Oriana Carvajal, Luisa Somoza, Laura Rosa Tapia, Juan Zúñiga, fueron algunos exponentes, unos más modestos que otros, unos más intelectuales que otros, pero que convergían hacia un propósito común, crear por Peñaflor.
Mis libros han sido una herramienta útil para niños, profesores y profesoras de nuestras escuelas. Hay un sin número de apoderados y apoderadas que me piden que le oriente en las tareas. Hay muchos vecinos y vecinas que me saludan y me recuerdan mis textos de leyendas e historias, mis microespacios radiales. No hay peñaflorino o malloquino que no haya oído hablar del “Valle de las 7 puertas” o de “Peñaflor en 10 leyendas”, está en el consciente colectivo. Desde otros puntos del planeta, como Australia, gente que emigró hace muchos años, pero que ama su terruño, ha solicitado mis libros.
Pero pese a todo ello, no ha existido un reconocimiento oficial en mi comuna y siento que existe un enorme chaqueteo. Es curioso que por hacer cosas en bien de la comuna, exista ese tipo de actitudes entre algunos. Eso me apena. Quizás, si hubiese tenido un apellido aristocrático estaría lleno de reconocimientos.
Como en todos los lugares, hay un tipo de persona muy dañina. La que no hace nada y critica, la mediocre. Esas serían razones para marcharme, pero, por lo menos en los próximos diez años no puedo irme de Peñaflor. Tengo un proyecto de vida de emigrar a otro punto del país o al extranjero, pero antes debo esperar que mis hijos vayan a la universidad, se titulen y se independicen.
¿Cómo es el Peñaflor que usted sueña?
Hay una distancia insuperable entre el Peñaflor que se sueña y el que es. Es utópico que llegue a concretarse el Peñaflor soñado. Por eso, lo que pediría es que se respete los árboles que plantó a comienzos del siglo XX el alcalde Salvador Silva, que se erradiquen los microbasurales, que los niños y jóvenes tengan oportunidades y espacios, que haya muchas canchas de fútbol y baby fútbol, más actividad cultural, que por cada casa surja un árbol, que se recuperen los espacios recreativos, que la gente no abandone los perros y que los canes que tengan dueño no vaguen por las calles, que los jóvenes no caigan en pozo profundo de la droga y el alcohol, que los mercaderes de las desgracias de la juventud se vayan a la punta del cerro, que la calle principal de Peñaflor lleve otro nombre y no el de un alcalde que no fue elegido por la gente, que tengamos autoridades que piensen, que tengan una mirada de largo plazo, que planifiquen y orienten estratégicamente el desarrollo de Peñaflor. Es un prolongado sueño, pero su realización no depende sólo de una persona, son miles las voluntades las que deben sumarse. Mi sueño es dignidad para la gente.
¿De qué vive un escritor, recopilador, realizador, como usted?, me imagino que no se puede vivir de ello, ¿o sí?
No, evidentemente no se puede vivir de esto. Yo vivo de mi profesión de periodista. Estoy a cargo de las comunicaciones de una fundación en la Región Metropolitana y trabajo a honorarios para Radio Cooperativa desde hace casi 20 años. Actualmente laboro en Deportes y hasta hace tres años fui corresponsal de Prensa. También, de vez en cuando, realizo algunas asesorías.




Dentro de sus obras publicadas están "El Valle de las siete puertas" (]991), "Peñaflor en diez leyendas” (1994), "Alhué, huellas de cinco siglos" (]995) y "Peñaflor, Malloco y Padre Hurtado ... una historia de cinco siglos" (]997), “Entre 2 Rios” (2002), e “Historia de Talagante” (2008). Actualmente sigue desarrollando algunas investigaciones vinculadas con pueblos de la zona.

Fuente: periódico digital Mi Comuna / www.micomuna.es.tl