Los políticos: buenas y malas costumbres
Hace algunos años llegó a mi casa una carta. Iba dirigida contra un gran amigo literato que había caído en desgracia con el poder. Era una misiva injuriosa, descalificadora, denigrante, chanta.
Tiempo después, me tocó vivir una situación algo similar. Había emprendido la idea de hacer un documental sobre las buenas costumbres de los viejos políticos para transmitirle esa experiencia a los jóvenes, especialmente a aquellos desencantados con la política.
Para ello, me vinculé con una productora. Cuando el video estuvo listo pedí revisarlo y como había algunos errores de edición, solicité que fuesen cambiados, cuestión que no agradó al jefe de aquella productora y su séquito de amigos, para los cuales mi rigurosidad pareció ser una afrenta. El resultado es que llegó el día del estreno y minutos antes, aquél que aparecía en los créditos como el director del film y uno se sus seguidores, me entregaron el video, tras lo cual, sin quedarse a ver el trabajo, se retiraron sospechosamente.
El video se exhibió ante un numeroso público y al final de éste, los créditos habían sido intervenidos maliciosamente.
¿Qué tenían en común ambas acciones? Habían sido urdidas cobardemente, craneadas macabramente con el propósito de infringir el mayor daño sicológico posible, con la falta de dignidad propia de quien tira la piedra y esconde la mano.
Retomando el tema de la carta, que también había llegado a un seleccionado grupo de exponentes de la cultura local, levanté el teléfono y llamé a mi amigo para expresarle mi solidaridad, pero lejos de encontrar en él a un tipo abatido, nos pusimos a reir del contenido de la misma y analizamos la carencia de valores éticos de quienes la habían escrito. Años después, sin quererlo me enteré de quienes, en qué circunstancias y en qué lugar se tramó aquello. Uno de los que participó de aquella reunión y que no estuvo de acuerdo con la carta, me lo contó.
Respecto del video, semanas después, al parecer arrepentidos por su cobarde actuar, los de la productora me enviaron una carta, me llamaban por teléfono y hasta se tomaron la molestia de remitirme un presente, implorándome que les disculpara.
Al cabo de un tiempo, al notar que la angustia de ellos era valedera, opté por aceptar sus disculpas. Tiempo después, se volvió a rodar el documental corregido. Tras la exhibición, al principal causante de esa acción le di un abrazo para liberarlo de sus remordimientos y tras dirigir algunas palabras al público presente me quebré emocionalmente.
Hace tiempo aprendí de una amiga, que frente a un hecho negativo siempre hay que anteponer algo positivo.
Por eso rescato de aquel documental los momentos emotivos vividos entrevistando a esos próceres políticos, algunos octogenarios y nonagenarios, a los que quise arrancarle no sólo sus frías vivencias políticas, sus fragores electorales, sino también sus emociones. Iban de derecha a izquierda, sin distingos. Don Manuel Tagle, viejo diputado conservador de Padre Hurtado, que recordaba sus encuentros con el sacerdote jesuita convertido en santo, pues su padre había donado el terreno para que se levantara el noviciado actualmente allí existente. La picardía de don Antonio Venegas, socialista, dos veces alcalde de Peñaflor, y su mirada campechana y pueblerina de la política, con un alzheimer que estaba en ciernes, por lo cual su señora nos pidió que lo entrevistáramos muy temprano, porque a esa hora se sentía mejor . Don Francisco Kellendonk, democratacristiano, y su pausado discurso, calmo, con una bonhomía impactante y unos sorprendentes recuerdos con Violeta Parra. Don Amalfi Torres, pícaro radical, alegre, un viejo maestro de noventa años, pero más parecido a un niño travieso. Don Octavio Leiva, de quien tenía una imagen de político duro e intransigente, el cual derramó lágrimas frente a la cámara, impactado por la dura realidad social de los niños talagantinos descalzos, en los tiempos que se iniciaba en la política. Me dijo: "por familia y por recursos yo debía haber sido de derecha, pero cuando vi esa pobreza me hice de izquierda". Y finalmente, don Luis Muñoz, el primer y único regidor comunista en la historia de Talagante, un gentleman, culto, caballero, respetuoso, que sin embrgo llevaba a sus espaldas una historia trágica. Con decir que era un niño cuando estuvo detenido por primera vez en virtud de la Ley Maldita de Gabriel González Videla. No pude dejar de emocionarme cuando narra el momento en que uno de sus hijos, apenas un adolescente, detenido en un campo de concentración tras el Golpe militar de 1973, cuando ya se le daba por perdido, apareció en su casa en la víspera de una nochebuena.
En aquellas entrevistas pasábamos de las lágrimas a las risas. Don Amalfi, tallero, nos pedía que las entrevistas fueran más seguidas, porque era la única forma que su señora pusiera galletas para acompañar el café. Don Antonio recordando las travesuras contra su contrincante, don Manuel Tagle, a quien consideraba uno de los políticos más "macanudos" que había conocido, pese a la diferencia abismante de ideas. Por otra parte, don Manuel, emocionado, nos pedía que le lleváramos los cariños a don Antonio. Al propio don Manuel cantando en francés, haciendo gala de su refinada educación de joven, acompañado por su atenta hija Regina al piano. Don Francisco recitando y don Amalfi declamando un viejo poema llamado "El Pidén", que se acostumbraba, según nos dijo, en sus tiempos de niño escolar.
Hubo también momentos hilarantes, como cuando me atreví a preguntarle a don Octavio si le molestaba que le dijeran "El Pelao Leiva" y él, que tenía una calvicie que lo había acompañado de por vida, me respondió con algo de suspenso: ¿por qué me voy a enojar?, ¡si soy pela´o! y soltó la risa.
Y don Antonio, cantando un clásico tango: Adiós muchachos, compañeros de mi vida,barra querida de aquellos tiempos. Me toca a mí hoy emprender la retirada,
debo alejarme de mi buena muchachada. Adiós muchachos. Ya me voy y me resigno.Contra el destino nadie la talla. Se terminaron para mí todas las farras, mi cuerpo enfermo no resiste más.
Con ese tango cierra el documental, preámbulo de una partida, porque apenas tiempo después llegó la hora final de don Antonio, don Octavio y don Manuel.
Hernán Bustos Valdivia
sábado, 30 de abril de 2011
Memorias casi 50 años después: viejos políticos
Etiquetas:
Amalfi Torres,
Antonio Venegas,
Francisco Kellendonk,
Luis Muñoz,
Manuel Tagle,
Octavio Leiva,
Políticos
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario