martes, 24 de mayo de 2011

Ha partido un trozo de Chile: Santos Rubio Morales



A esta hora imagino una rueda de angelitos esperando en semicírculo a un nuevo huésped celestial: Santos Rubio Morales, Santitos, viejo pueta y guitarronero, que dejó de existir en su querida tierra de Pirque.

Me pregunto cuántos de aquellos niños que murieron a corta edad y a los cuales les dedicó su canto noches enteras antes de la partida a los misteriosos mundos del más allá, estarán deseosos de acogerlo.

La primera vez que lo vi y la primera vez que me escuchó fue en Alhué, hace ya varios años. Ciego desde muy temprana edad y de oído fino y desarrollado no alcancé a pronunciar ni media palabra cuando me identificó de inmediato como el periodista que escuchaba en la Radio Cooperativa. Por cierto, me inflé de orgullo.

Desde aquel encuentro tuve varias oportunidades de compartir con él. Era de verdad un maestro del canto a lo humano y lo divino. Su privilegiada voz y entonación nos ponían frente a uno de esos artistas que nacieron con talento, que no tuvo necesidad de ver para inspirar magistrales versos, muchas veces improvisados, junto a su querido hermano Alfonso, con quien además conformaba un dúo de cuequeros único.

Santitos era un yacimiento viviente. Era uno de los escasos intérpretes sobrevivientes del guitarrón, cuyos acordes enseñó también en las aulas universitarias. Era un académico de la vida y la tradición.

Recuerdo una vez que estando en la escuelita de Hacienda Alhué, cuando le pedí a él y otros folcloristas que fueran a cantarle a los abuelos de la localidad, en medio de un aro escuchó que había que preparar almuerzo. Con esa picardía innata y la alegría a flor de labios que le caracterizaba se ofreció a colaborar: “Yo pico el arroz”, dijo, provocando una carcajada general.

Años después lo entrevisté para la revista Nuestra Tierra y le consulté cómo imaginaba los paisajes privado del don de la visión. Me respondió con una frase sencilla, pero profundamente sabia: “los lugares más verdes eran aquellos donde más cantaban los pajaritos”. Luego comenzó a hablar de la belleza de sus tierras y de los cajones que se adentran en las montañas.

Doy gracias a la vida por haberlo conocido don Santos, me siento privilegiado por haber recorrido junto a usted las polvorientas calles de Villa Alhué y que en una actuación en la Quinta Normal y otra en El Monte haya sido materia para sus versos picarones, aquellos en que me reprochaba junto a su hermano Alfonso, haciendo rimar mi apellido Bustos, que aunque les ofreciera brindar con agua, había sido un gusto.

También me socorrió una vez en que estando en un escenario, le pedí que me soplara al oído alguna cuarteta para romper la rigidez de un auditorio poco entusiasta. Fue tan acertada, que desde ese momento me dediqué a poner especial atención para memorizar y robarle más de alguna de aquella ingeniosas frases que le escuché.

Qué cosas tiene la vida. Hace menos de una semana intenté comunicarme con usted con el simple propósito de saludarlo. El teléfono fijo que tenía anotado en mi agenda ya no era el suyo. La persona que me atendió me dijo que ni siquiera lo conocía. Parece que ese repentino intento por ubicarlo era como un adiós instintivo. Sólo al enterarme de su muerte supe que sufría de un terrible cáncer estomacal. Que pena no haber podido hablar con usted antes del silencio final, porque para un investigador de las historias y tradiciones locales personas como usted son la esencia de Chile y porque cuando parte uno de ustedes, cantor, alfarera, talabartero, organillero, se marcha, un trozo de mi país.

Se ordena la despedida, pero antes le ruego, Santitos, que lleve a la estación celestial un saludo a mis amigos y poetas populares alhuinos Camilo Azagra y Germán Allende. También a mis hermanos Roberto y Luis y a mis abuelos. Allá en lo alto se comienzan a juntar los cantores para hacer una ronda de voces que los que quedamos acá abajo rememoraremos nostálgicos y añoraremos plañideros.

Hernán Bustos Valdivia, en la fría noche del martes 24 de mayo de 2011, día de la partida de Santitos.